Desde
la creación de la imprenta, ha existido una gran difusión de
material intelectual en el mundo. Se hizo más fácil el paso de
información de una persona a otra.
En
un principio, la Iglesia era la encargada de entregar educación y
"copiarla" en libros escritos a mano que luego serían
entregados exclusivamente, y por demanda, al clero, nobles y
reyes.
Pero
luego, la reina María I del Reino Unido Adjudicó el monopolio
de la impresión al gremio de impresores de Londres, llamada "London
Company of Stationers", a cambio del poder de ser la
encargada de censurar cualquier cosa antes de que fuera publicada. El
monopolio pasó a llamarse "Copyright" y con esto, los
derechos de autor habían nacido.
Luego
de 138 años, el Parlamento británico dejó de apoyar al llamado
copyright, y las imprentas perdieron un lucrativo monopolio. AL cabo
de un tiempo, el Parlamento otra vez fue persuadido y los
impresores y distribuidores expresaron la idea de que nada fuese
impreso o distribuido sin un monopolio, sugiriendo que el origen
del monopolio recayera en el autor y fuese clasificado como
propiedad, así podía ser vendido a un impresor.Así, la censura de
parte del Reinado terminó, y los encargados de revisar y editar los
textos serían los mismos integrantes de la imprenta. Tampoco los
autores podrían encargarse de esto porque al ser vendidos los
derechos, renunciarían a cualquier reclamo frente a la censura
La
sed de poder se había apoderado del monopolio de los editores,
tratando así que el prestamos de libros de las bibliotecas no
existiera nunca, afirmando que “No se puede permitir a la
gente leer sin pagar por su propia copia”. Sin embargo, el
Parlamento decidió que el acceso a las bibliotecas era de gran
importancia, y así, la primera biblioteca pública del Reino Unido
abrió en 1850.